La victoria de Luis Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de la elección presidencial celebrada ayer en Brasil es un gran motivo de alivio para ese país, en la medida en que despeja la amenaza de un retorno del bolsonarismo autoritario, corrupto y entreguista que se cernía sobre el gigante sudamericano. Lo es también para el continente, cuyos países han venido cayendo en los abismos de gobiernos ultraderechistas, antipopulares e incondicionales de Donald Trump. Y lo es, en especial, para México, que se ha ido quedando solo en Latinoamérica tras la llegada al poder de Javier Milei en Argentina, de Daniel Noboa en Ecuador, de José Antonio Kast en Chile, de Keiko Fujimori en Perú, de Nasry…